La supermodelo sudafricana de 21 años, radiante cisne de
ascenso meteórico, es una de las candidatas a ocupar el trono del paradigma de
belleza mediático-planetario.
Candice Swanepoel es una modelo sudáfricana nacida el 20 de
octubre de 1988, cuya carrera ha tendio un ascenso meteórico, resultándole en
la portada de las revistas más importantes de la moda y las pasarelas de las
marcas más reconocidas incluyendo ser parte de la legión de ángeles de
Victoria’s Secret.
Con un nombre elegante que remite al candor (o al campo de
dulce) del cisne divino de cuyo rapto sexual áereo dio nacimiento a la primer
supermodelo, Helena de Troya, Candice Swanepoel, no sólo es un rostro bonito,
es una chica que cultiva su cuerpo como un templo donde el espíritu puede
habititar y fluir. Sí, como Budha y otros dioses, queman la muralla para entrar
por el Stargate hacia la casa sosegada de Candice.
Esta modelo desde los 16 años ya ganaba 5 mil euros por
sesión, lo cual le permitió comprar el mejor entretenimiento fotoestimulante a
su corta edad, gafas galácticas, cascos de estimulación transcraneal, máquinas
de luz y sonido, todas dirigidas a llevar dulcemente su cerebro a un estado
alpha, que de su neurocortex envíara ondas electromagnéticas de programación
hacia su cuerpo, en búsqueda de la divinidad. El padre de Candice, amigo y
alumno de David Bohm, le inculcó la idea de que la mente es capaz de transformar
la materia, y sí se programa el pensamiento de cierta forma este puede alterar
el cuerpo físico y esculpir sobre él. Candice es el resultado de este
experimento, su belleza ha sido autodiseñada electromagnéticamente por su
meditación estético-trascendental. Por esta razón, no sería extraño que su
carrera fuera in crescendo hasta el punto de ocupar un lugar en el más alto
cielo de las supermodelos, tal vez heredera de Gisele Bundchen y Adriana Lima.
La más reciente producción de Candice fue para Esquier, en
sexy rock lipsynch. La modelo es seguramente la mejor carta de su país para
magnetizar hordas de fanáticos al Mundial de futbol que esperan conseguir algo
más que unos boletos al estadio, persiguiendo el sueño rubio sudafricano.
