Aum Shinrikyo es un culto en Japón obsesionado con la
llegada del apocalipsis que utilizó el anime, los cómics y dibujos animados
japoneses, para difundir su doctrina; este grupo llevó a cabo el ataque con gas
sarín en el metro de Tokio en 1995.
El 20 de marzo de 1995 se registró un funesto ataque en el
metro de Tokio, en el que un extraño grupo denominado Aum Shinrikyo liberó poco
menos de un litro de sarín (líquido hipertóxico que se volatiliza en pocos
instantes). El atentado ocasionó la muerte de trece personas y afectó a cerca
de siete mil más. Se calcula que una sola gota de sarín basta para producir la
muerte de un adulto promedio, por lo que de haber tenido mayor precisión, el
grupo hubiese podido causar miles de bajas. Pero más allá de la inusual
sustancia que se empleó en el ataque, el cual fue ampliamente difundido en la
prensa internacional, lo más curioso del caso resulto ser la extravagante
identidad del grupo que lo había llevado a cabo.
Fundado en 1984 por su mesiánico líder Shoko Asahara, Aum
Shinrikyo (cuya traducción del sánscrito sería algo como “la religión de la
verdad”) es una especie de movimiento religioso, evidentemente sectario, que
mantiene un sincrético sistema de creencias que, fiel a la filosofía New Age,
combina premisas de distintas escuelas espirituales como el budismo, el
cristianismo, la tradición yóguica y la obra de Nostradamus. Todo comenzó como
una clase de yoga que Asahara impartía en su departamento de Tokio y durante la
cual aprovechaba para difundir su estrafalaria ideología.Al poco tiempo comenzó
a atraer a decenas de adeptos, popularizándose particularmente entre jóvenes
universitarios de familias acomodadas. Y eventualmente, en 1989, conseguiría su
registro oficial como religión.
En 1992 Asahara se autoproclamó como el único maestro
completamente iluminado de Japón, como Cristo y como “el Cordero de Dios”. A
cambio de devoción, ofrecía a sus seguidores absolver sus pecados y por lo
tanto eliminar su mal karma. Como complemento, advertía recurrentemente a sus
seguidores sobre conspiraciones en torno a los judíos, la familia real
británica y la francmasonería, atribuyendo a estos grupos una profunda maldad.
A mediados de los noventas la organización comenzó un masivo
movimiento de propaganda, el cual tuvo como pilar de comunicación los dibujos
animados, el famoso “anime”, una de las formas de entretenimiento más populares
en Japón. Por medio de cómics y dibujos animados, Asahara promovía el culto a
su propia imagen, así como a los enredados preceptos “espirituales” del grupo.
Este recurso, independientemente de la filosofía que promovía Aum Shinrikyo, es
uno de los fenómenos más interesantes de las últimas décadas, en el que
converge el adoctrinamiento sectario con la cultura pop y la propaganda animada
de preceptos que se proclaman como una nueva forma de espiritualidad.
Pero más allá del popurrí de misticismo pop que engloba el
movimiento, existe un elemento determinante en la funesta naturaleza de Aum
Shinrikyo: el apocalipsis. Para este grupo, al que actualmente también se
conoce como Aleph (en alusión a la primera letra del alfabeto hebreo), el fin
del mundo está asociado con el surgimiento de una Tercera Guerra Mundial que
será detonada por Estados Unidos. Recurriendo también al concepto bíblico del
Armageddon, Asahara afirma que el fin de los tiempos llegará canalizado pro un
devastador enfrentamiento nuclear y que solo unos cuantos se salvarán (obviamente
refiriéndose a los seguidores de AS). Y precisamente en torno a la llegada del
apocalipsis, el cual Asahara había fechado originalmente para 1997, fue que se
suscitó el ataque con gas sarín en el sistema de transporte público subterráneo
de Tokio. Al parecer la intención era desestabilizar al gobierno japonés para
que el líder de Aum pudiese consagrarse como emperador y así comenzar con los
preperativos para el fin del mundo.
Pero si bien el atentado de 2005 representó el clímax de la
violenta faceta de este culto, lo cierto es que hubo múltiples episodios
anteriores, en los que se vinculó al grupo con los asesinatos de líderes de
sectas rivales y de personas que de algún modo amenazaban los intereses de la
organización. Poco tiempo después del ataque con gas sarín, Asahara fue
detenido junto con decenas de importantes miembros del grupo. Luego del proceso
legal correspondiente, considerado por los medios japoneses como el “juicio del
siglo”, finalmente en abril de 2006 se
dictó sentencia de muerte para Asahara y para otros once miembros de la secta,
aunque extrañamente aún no se ha confirmado su ejecución y tampoco se ha fijado
una fecha para que esta se lleve a cabo.
Actualmente se calcula que el grupo debe reunir a poco más
de 1,500 integrantes. Desde hace seis años las actividades de Aum Shinrikyo
reciben vigilancia estrecha por parte de las agencias de investigación del
gobierno. Sin embargo, todo parece indicar que con la muerte de Asahara la
historia de esta organización terminó y con ello comenzó a cerrarse uno de los
capítulos más turbios de la historia reciente de Japón, protagonizado por un
grupo que reunía algunas de las principales características de la cultura de
este país: espiritualidad, suicidio y anime, pero que desde un principio optó
por catalizarlos en forma de una patológica violencia. Tal vez por eso algunos
se refieren a Aum Shinrikyo como el lado oscuro de una entidad intrínsecamente
japonesa.
