Está generalmente aceptado que ningún animal de cierta complejidad puede sobrevivir a un proceso de congelación, por la consiguiente destrucción celular causada por el frío. Sin embargo, existen ciertas especies que desarrollan un tipo de anticongelante natural que evita esta muerte celular, permitiendo que sean reanimados después de una congelación severa, durante largos períodos de tiempo incluso.
Ocurre con algunos caracoles, ranas... y también con los comúnmente llamados “peces de colores”, los famosos goldfish o carpas doradas, unos peces que han desarrollado una cierta capacidad de “crionización”, por medio de la cual pueden volver a la vida tras un proceso de congelación.
Aunque mejor habría que decir que lo único que hacen es recuperarse de una “animación suspendida”.
La muerte celular por congelación es causada por la estructura cristalina del agua congelada y por la ampliación de su volumen hasta la ruptura de la célula. El anticongelante natural de estos peces permite que el agua de su cuerpo no cristalice hasta un punto mucho más bajo de temperatura que el agua normal.
En este caso, cuando se mete el pez en nitrógeno líquido, el agua que está entre sus escamas es lo primero que se congela, protegiendo el interior. Su anticongelante natural hace el resto, para que no llegue a congelarse por dentro manteniéndolo con vida.
Cuando el pez (rebozado) de hielo se vuelve a meter rápidamente en agua a temperatura normal, se destruyen sus ataduras sólidas externas y el animal vuelve a moverse con soltura.
El truco aquí está en que el pez es introducido en nitrógeno líquido sólo unos segundos. Si se mete un poco más, no habrá anticongelante que valga y bastará doblar el pez para que se parta como una barra de hielo.
La crionización al fin y al cabo, como diría Walt Disney, simplemente es una cuestión de tiempo...