Para lograr su objetivo, Baumgartner tuvo que burlar los estrictos controles de seguridad de las autoridades del país asiático, y huir en un taxi nada más tocar tierra. «Lo he intentado tres veces y por fin he conseguido mi sueño», dijo el saltador.
Baumgartner preparó el salto y su huida en secreto, ocultando su paracaídas con la ayuda de una amiga que lo escondió en el falso techo de los lavabos femeninos. Su caída libre duró cinco segundos y cuando tocó tierra montó en un taxi, que lo llevó al aeropuerto.
Tres horas después estaba volando en dirección a Hong Kong.
Este peculiar deportista extremo es conocido por sus saltos desde lugares tan emblemáticos como las torres Petronas de Kuala Lumpur (Malasia) o la estatua de Cristo Redentor, en Río de Janeiro.
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