COLECCIONABAN TONELADAS DE BASURA!!!!!!!


Esta es la historia de dos hermanos que eran acumuladores compulsivos, cuya manía los llevó a un final trágico.

Su caso fue tan extravagante que el "Síndrome Collyer" hoy en día hace referencia al desorden patológico de acumular compulsivamente basura y cosas inútiles.

Y vaya que acumularon cosas inecesarias, pues al morir Homer y Langley Collyer dejaron en su casa nada más y nada menos que 103 toneladas de basura, la cual iba desde órganos humanos hasta munición de artillería pesada sin utilizar, de la II Guerra Mundial.

Los hermanos Collyer se graduaron en universidades prestigiosas, con profesiones cada uno, pero llegaron a ser sobresalientes gracias a su obsesión por adquirir cosas inútiles. Sin emabargo nadie sabía que ellos acumulaban tantas cosas hasta que el 21 de marzo de 1947 los policías de Nueva York entraron a su casa, ya que tenían varios días sin saber nada de ellos.


La escena que contemplaron los policías al entrar a esa casa de dos pisos fue impactante, pues la cantidad de muebles y cosas acumuladas hizo imposible pasar por la puerta principal.


Tras entrar por la ventana encontraron a Homer muerto en el piso. Sin embargo no había señales de Langley.


Incrédulos de lo que veían sus ojos, llamaron a sanidad pública para sacar la basura. Entre las cosas dispersas encontraron desde una máquina de rayos-x, varios pianos, un gigantesco órgano de iglesia, esqueletos de caballos y vacas, órganos humanos y animales conservados en jarrones de cloroformo, cientos de miles de libros y periódicos, cientos de litros de kerosén y material quirúrgico, partes de autos, miles de herramientas y material eléctrico. Y -ante la mirada atónita de los removedores- incluso un arsenal de armas, que iba desde ametralladoras de alto calibre y balas de tanque, hasta lanza granadas, armas “suficiente como para iniciar una pequeña guerra”, según las palabras del comisionado de policía.


Al cabo de 4 semanas de remover aquella basura, el cadáver de Langley fue por fin encontrado, enterrado muy abajo de enorme pila de periódicos.


Tras la investigación se descubrió que, sin querer, Langley había accionado una de las trampas, siendo aprisionado por miles de periódicos y libros. Su hermano, ya ciego y casi paralizado, quedó inerme sin su ayuda, hasta que murió de inanición.


Respecto a al asunto de los órganos humanos, ha sido todo un misterio hasta el día de hoy. No se sabe a quien o a quienes pertenecían aquellos organos diseminados por el lugar en grandes frascos con alcohol o formol.


Este es, sin duda, un caso de extravagancia que muestra de que manera esta grave manía puede llevar a una fatalidad a quienes la padecen.