A este confiado corredor de pista, en Australia, se le hizo fácil apostar que le ganaba al canguro amaestrado de su vecino, pero después de una buena arrancada el velóz canguro lo comenzó a rebasar con facilidad, así que ahora tendrá que pagarle la apuesta que consistió en una cena en el Restaurant más caro de Sidney. Claro que quien en verdad ganó (el canguro) solo recibirá manojos de hierba fresca, que es lo que come.